lunes, 26 de octubre de 2009

LUNES (26 de octubre)

Esta historia de los conejos deberé terminarla en otra ocasión. Ahora he vuelto a llevar una vida más convencional. Me levanto, voy a trabajar, vuelvo a casa... Nada que no haga la gran mayoría de la gente con la que me relaciono.

Estoy podando unos árboles frutales que viven en mi jardín. "Pincho" anda trasteando por aquí. Le miro y él me devuelve su mirada confiada. No parece inquietarle que yo lleve un hacha en la mano y tampoco el hecho de que haya acabado con mi dieta de conejos por un tiempo -por razones obvias-. ¡Ay! "Pincho", te gusta vivir peligrosamente...

Mi vecino el profesor de matemáticas y a la postre tutor legal de "Pincho", se ha pasado a devolverme un par de libros que le presté: "Espuma de cerveza en el bigote" y "Ars masturbatoria". Este último no es mio, pero como el título me ha llamado la atención, no le he dicho nada y lo he aceptado. Ha entrado por el patio y nos ha visto a "Pincho" y a mí cada uno a lo suyo. Se ha fijado en la disposición de los árboles y ha sacado una libreta donde se ha puesto a hacer anotaciones murmurando no sé qué de vectores y constantes no lógicas. He estado a punto de ofrecerle una cerveza, pero me lo he pensado mejor. Me ha preguntado si "Pincho" me molestaba y me ha pedido que le devuelva la visita.

Después de acabar en el jardín, voy a relajarme con un poco de lectura.

miércoles, 7 de octubre de 2009

DOMINGO (25 de octubre)

Pasé siete días con ellos, viví como ellos. Siguieron arrojándose a las vías del tren... cosas de conejos.

Desperté en mi casa, cubierto de polvo, famélico y cansado hasta la médula. Efectos secundarios de la desintoxicación de los hongos sinestésicos.

En cuanto a mi vecina, fue el catalizador que me devolvió estos recuerdos...

lunes, 5 de octubre de 2009

LUNES (5 de octubre)

Comprendedme bien.

Siendo como soy, estas cosas no tendrían que sorprenderme. Pero pasó. Estos conejos se comunican a un nivel incomprensible. Tienen toda una cultura y una historia propia. Yo soy para ellos en cierta manera un "servicio público". Me tienen un gran respeto, y me han visto. Quiero decir que me "ven" con todo lo que ello comporta... Atended; cuando encontramos un conejo muerto en la carretera, no es accidental. Yo lo llamaba en plan un tanto irónico "suicidios", y sí lo son. Para ellos tienen una finalidad que no entiendo del todo -bueno, ni siquiera un poco-. Consideran un gran favor el que recogiera los cuerpos de sus congéneres atropellados por mí y me los comiera -así es como entré a formar parte de su ¿clan?, ¿sociedad?-. Al hacer eso me uní en comunión con ellos. Yo les había dado algo, y ellos me dieron esto. Una visión de su mundo y un estatus dentro de el.

Tened en cuenta que bajo los efectos de esta sinestesia inducida, recibía la información de forma totalmente anómala. Imaginaros "Crimen y Castigo" resumido en tres frases. Pues es lo que os estoy entregando. Un resumen de algo muy extenso...

sábado, 3 de octubre de 2009

SABADO (3 de octubre)

...Me habían secuestrado LOS CONEJOS, así con mayúsculas. No fue un secuestro propiamente dicho, más bien...un rescate y una curación. El líquido con el que calmaron mi sed no era agua. Era una especie de antídoto. Ellos ya conocían los hongos que utilicé en la fórmula de la cerveza...Me adelanto, así que voy a contarlo como sucedió. Me depositaron en el centro de la cantera. Parecía un lugar de reunión habitual para ellos. Viéndolos allí, tan blanquitos algunos, otros de un elegante gris marengo, negros, con manchas...me entró hambre. Yo veo conejos y me entra hambre. Es inevitable. Ellos percibieron algo pues comenzó un ronroneo donde antes solo estaba un silencio raro. Al cabo, uno de ellos se acercó y dejó a mis pies lo que parecían champiñones portobello. Me acordé de "Alicia en el País de las Maravillas" incluso me pareció escuchar -come-. Miraba a los conejos, miraba los hongos... a los conejos... los hongos... el rum-rum... Mi mano se fue sola a la ofrenda y agarrando un puñado me lo metí en la boca. Mastiqué y tragué. Y no caí muerto (que mientras tragaba eso, lo esperaba) El rum-rum se apagó -mira como en una película -pensé- y en su lugar una sinfonía de sensaciones me inundó. Sensaciones que no se correspondían con los canales adecuados por los que las percibía. Me había vuelto sinestésico. Y entendí muchas cosas...

miércoles, 30 de septiembre de 2009

MIÉRCOLES (30 de septiembre)

Sigo recordando...

Después de tomarse la cerveza, mi vecina pareció olvidar porqué estaba allí. Se marchó y al poco volvió con unas garrafas que rellenó directamente de la cuba. Y volvió a irse.

Estuve un día entero en el suelo sin poder moverme. La noche se cerró y la sed torturante estaba por rematarme cuando sentí algo fresco derramándose en mis labios. Otro poco de frescor, y otro poco...hasta que pude tragar algo de líquido. Una multitud de ojos relucientes me rodeaba -estoy alucinando -pensé-. Suaves caricias en mi cara, mis manos, mis piernas. Muy sensual todo... y de repente sentí despegarme del suelo. Razonando que estaba teniendo un viaje lisérgico y que luego me moriría (hacía mucho que no lo hacía) quise disfrutar de ello y no me molesté en intentar comprender lo que me estaba pasando. Cada vez que cerraba los ojos dejándome llevar, el paisaje cambiaba. Cuando por fin me detuve y sentí de nuevo el suelo sobre mi espalda, abrí los ojos y reconocí el lugar. Era la cantera de la que sacaban la grava para rellenar el trazado del "Tren Más Rápido de lo Normal". Los ojos relucientes se mostraban ahora acompañados de unos dientes muy blancos -¿conejos? ¿me han secuestrado unos conejos?...

martes, 29 de septiembre de 2009

MARTES (29 de septiembre)

Varias cosas me han ocurrido...

El olor que no podía identificar cuando desperté en el suelo del garaje y cubierto de polvo, era el olor de mi vecina. Resulta que "Pincho" no me estaba rehuyendo a mí. Lo que le repelía era precisamente el rastro oloroso que había impregnado mi casa. Los cerdos tienen un sentido del olfato muy desarrollado, de hecho, son utilizados para encontrar trufas, pero a "Pincho" su olfato le había disparado una alarma.

Ya dije que notaba a mi vecina distinta. Un cambio tan brusco de personalidad en alguien no ocurre porque sí. Mi vecina de repente se había convertido en una perfecta seductora. Sin entrar en demasiados detalles, el día que se plantó en mi casa, buscaba algo más que mi compañía. Quería más cerveza casera. Ella fue quién me encontró cuando decanté la primera pinta de mi cerveza experimental. Se había armado de valor y vino a interrogarme sobre el asunto de su gato. Vio luz en el garaje y como la puerta no estaba cerrada, entró y me halló tirado en el suelo en estado comatoso y sudando copiosamente. Hacía bastante calor a decir verdad, por lo que se le puede perdonar que estando tan a mano un pichel lleno de lo que parecía (y es) apetecible cerveza, se trasegase una buena medida de lo que a la postre desencadenó ese cambio en ella...

sábado, 26 de septiembre de 2009

SÁBADO (26 de septiembre)

Una visita inesperada.

Mi vecina, la dueña del gato que me comí y esposa de mi vecino micólogo aficionado, ha llamado a mi puerta. No lo esperaba y mi cara lo reflejó a la perfección. Ella tampoco esperó a que le franqueara el paso, se adueñó de la situación y se coló en mi casa como si lo hiciera todos los días. Traía la caja de cervezas que había depositado en su puerta: -Toma, mi marido no las ha probado, pero yo me he tomado una cada noche-. Otra vez mi cara gritando que estaba alelado. No solo porque esta vecina no tenía ningún parecido con la mojigata que guardaba en mi recuerdo. No, si solo fuera eso... pero irradiaba un magnetismo que casi se podía oler. Era evidente que estaba sorprendido. Su marido tenía que haber sido el objeto de mi estudio sobre los efectos de la dichosa cerveza sobre un ser humano, ya que de mi experiencia poco había sacado hasta el momento. Esta vez quería ser testigo de cómo afectaba a otra persona. Mi vecino era el sujeto perfecto. Su mujer no entraba en mis planes, pero parece que soy yo quien está entrando en los suyos. No deja de mirarme y ese olor...ese olor...

jueves, 24 de septiembre de 2009

JUEVES (24 de septiembre)

"Pincho" es un cerdo pigmeo vietnamita. Es de uno de los vecinos. En realidad era de los hijos de uno de los vecinos. Profesor de matemáticas divorciado que en el acuerdo de separación de bienes perdió a sus hijos y a su mujer, pero ganó un cerdo. Su ex-mujer no quiso hacerse cargo del cochino y se lo endosó a él. Es un cerdo muy sociable. El nombre de "Pincho" fue una broma. Si lo cocináramos solo daría para un pincho.

El cerdo como digo, es muy sociable. El resto de los vecinos le dejamos comida en la puerta para que "Pincho" se la coma. Es un reciclador nato. Aún así no crece ni engorda. Conmigo se ha encariñado; a mí me parece gracioso. La verdad es que no me llevo muy bien con los animales. Por eso me sorprende que este puerco acuda a mi puerta con más frecuencia que a la del resto del vecindario. Debo decir acudía. Desde el lunes pasado no he vuelto a verle, pero sigue por ahí haciendo su ronda. Veo los platos que le dejan en las puertas vacíos de un día para otro. Y oigo el cascabel que le puso su antigua dueña prendido de la oreja como si fuera un piercing. El muy cerdo anda trasteando pero ya no quiere cuentas conmigo. No tendría que molestarme, pero estoy un poco sensible. Esto no es habitual (el que yo esté sensible).

Mi vecino, que según parece ha estado de "vacaciones" durante un mes, ha vuelto a casa. Para demostrarle que no le guardo rencor por las disputas pasadas, le he dejado una caja de mi cerveza casera en su puerta. Espero que a "Pincho" no se le ocurra probarla.

martes, 22 de septiembre de 2009

MARTES (22 de septiembre)

Tengo la nevera repleta de la cerveza que he fabricado y también el arcón de la buhardilla. Además, he escavado un agujero en el jardín y lo he llenado de botellas. No me pareció buena idea arrojar esa bebida por el desagüe. No lo noté al principio, pero desprende un tenue brillo en la oscuridad.

Sigo sin acordarme de todo, pero algo sí he averiguado. El polvo que me cubría el cuerpo no era el que se acumula en las casas. Cuando sopla el viento, este arrastra una fina arenilla que se posa en la superficie de mi vehículo. Es ese polvo, proviene de las obras del tren.

"Pincho" se ha librado. Por suerte para él, yo estaba demasiado cansado y opté por unos palitos de cangrejo que habitaban en el fondo del cajón de congelados desde hacía meses.

No he identificado ese olor tan peculiar que flotaba en el aire cuando desperté, aunque cada vez me resulta más familiar. Tengo flashes en los que me veo corriendo, pero algo está mal... ¡Mierda!, se me hace la boca agua. Alguien está cocinando verduras al horno con un toque de "hierba limón". Acompañadas de una cerveza deben de estar de muerte.

Algunas cosas han cambiado. Sin duda.

lunes, 21 de septiembre de 2009

LUNES (21 de septiembre)

Me duelen los dientes y me cubre una capa de polvo. Mi móvil se ha quedado sin batería, así que no sé que hora es. Estoy en el garaje, al lado de la cuba de fermentación y me pica el cuerpo... ¿Dónde está mi ropa?. Hay un olor en el aire... huele a levadura claro, pero hay algo más. Tengo una sed tremenda. Me dirijo a la cocina a por una vaso de agua. Miro el reloj; son las 3 de la madrugada de... ¿ha pasado una semana? ¿llevo una semana inconsciente?. Si llevo tanto tiempo tirado en el suelo no podría tenerme en pie, pero curiosamente no estoy acalambrado. Aunque siento un calor raro.

Me da miedo mirarme al espejo. Tengo que comer algo. -¿Pincho? ¿Pinchoooo?. -Me parece que hoy vas a hacer honor a tu nombre...

lunes, 14 de septiembre de 2009

LUNES (14 de septiembre)

Estoy desganado... Desde que están construyendo el camino de hierro para el "Tren más rápido de lo normal", la población de conejos ha disminuido y han cambiado sus hábitos suicidas. Ahora prefieren arrojarse a las vías y romperse el espinazo contra los nervios de metal que cruzan el paisaje. Es posible que lo encuentren más romántico que ser despanzurrados por un turismo de gama económica. Nostálgico, me he dirigido a la carnicería y me he comprado uno ya destripado y desollado. Higiénicamente envasado al vacio... no sabe igual. Le falta ese gustillo a goma al que me he acostumbrado.

Mi vecino está enfangado con la ley por una denuncia anónima sobre cultivo de "maría" y "setas mágicas" (estas últimas nunca ha logrado cosecharlas pues desaparecían misteriosamente de su invernadero por las noches para reaparecer de igual misteriosa manera en mi secadero del garaje). Su mujer se ha lanzado a las noches urbanas... no hay nadie ni nada que perturbe mi entorno.

Creo que ha llegado el momento de liarme con un proyecto que he estado retrasando. Voy a montarme unas cubas de fermentación y a manufacturar mi propia cerveza según una fórmula que soñé después de la indigestión que me produjo el comerme al gato del vecino. A uno de ellos, ¿o quizás era el mismo?. ¿No dicen que tienen 9 vidas los jodíos? Puede que este sí, después del episodio de las palomas todavía le oigo maullar.

Voy a recoger algunos de esos hongos para empezar...

domingo, 13 de septiembre de 2009

DOMINGO (13 de septiembre)

Maldeciré los impactos. Disfrutaré como un niño... Es en esto en lo que he estado pensando a lo largo de la semana. He vuelto a patinar con un grupo de gente de lo más variopinto.

Cuando te deslizas sobre minúsculas ruedas en una superficie de cemento pulido, experimentas una serie de fenómenos físicos. Muy a menudo es la acción y la reacción de dos cuerpos atrayéndose el uno al otro; y sobre este efecto quería detenerme un poco más. Veréis: patinar requiere de un mínimo de concentración al principio, luego tus reflejos se encargan del resto. Puedes interactuar socialmente mientras sientes como el suelo se mueve por debajo de ti. Giras, te cruzas con otro patinador y este (o tú) se queda enganchado en la estela. Os encontráis de repente mirándoos a los ojos y cambiando de dirección y de sentido sin apenas percibirlo. Como el ejercicio produce endorfinas, te sientes relajado, un poco eufórico y predispuesto a la comunicación. El esfuerzo genera calor, sudas y emites mensajes químicos.

En este grupo jugamos a esquivarnos y a intentar cazarnos divididos en 2 bandos. Esta es la parte de disfrutar como un niño. Pues bien, en uno de los quites sufrí un encontronazo que acabó conmigo en el suelo. Esta sería la parte de maldecir los impactos... si no fuera porque el impacto se produjo entre una mujer con cierto atractivo y yo. En un acto reflejo quise apartarla de mi trayectoria, o al menos intentar disipar o desviar la energía del choque. Mis manos se lanzaron hacia adelante y me encontré, por un instante, estrujándole un pecho. Acto seguido, las deslicé en sentido descendente hasta apoyarlas en su cintura, y en ese momento la aparté de mí, y yo me precipité de rodillas sobre el duro suelo. Tenía una sonrisilla tonta en mi rostro. Ella, al preguntarle si le había hecho daño contestó: -no, me has sujetado muy bien. Si no es por eso, me hubiera estampado contra el suelo y me hubiera dado un morrón de impresión... pero que sepas que me has agarrado de una teta. No sé si te has percatado. -Claro que lo he hecho -respondí- y eso es lo que me llevo yo. Pero no lo hubiera mencionado si tu no lo haces. -Seguimos patinando con la teta de por medio. Una teta que nos convertía en cómplices sin haberlo esperado ninguno de los dos.

No, no maldije este impacto y al parecer, he hecho una amiga.

martes, 8 de septiembre de 2009

MARTES (8 de septiembre)

En este día tan magnífico, me he despertado a las 06: 00 h. pletórico de energía. Sin siquiera ducharme he bajado desnudo a la calle, he abierto el maletero de mi coche, me he enfundado un impermeable, he agarrado la escopeta de caza mayor que compré el día anterior, la he cargado de cartuchos de perdigones del calibre "cabronazo" y me he liado a tiros con la bandada de palomas que siempre sobrevuela por encima de mi casa a da igual que horas sean.

Como caían. Parecía la navidad de los anuncios de la tv (esa que nunca se ve por ningún sitio) montones de plumas blancas...restos sanguinolentos y sangre en una fina llovizna. Una de ellas, pobrecita, lo ha hecho con las alas agujereadas. Me ha dado un poco de pena...hasta que la he reconocido. Como soy una persona con entrañas (en ese momento las tenía por encima, alrededor y en la planta de los pies) para que no siguiera sufriendo, le he metido la cabeza dentro de uno de los cañones de la escopeta, la he apuntado hacia donde suele dormitar el gato de mi vecino y he apretado el gatillo (¡anda!, ¡que ironía!). Después, he sacado una foto con mi cámara de 10 megapixels y he vuelto a mi morada para darme esa ducha que había pospuesto. No hay nada como los pequeños placeres.

Mañana la cuelgo en internet.

lunes, 7 de septiembre de 2009

LUNES (7 de septiembre)

He soñado que hacía un viaje acompañado de un amigo. Era a una ciudad adoquinada habitada por bellas mujeres en velocípedos. Nunca se paraban para hablar. Nunca se paraban. Todo lo hacían en estos curiosos vehículos. Comían, reían, cantaban... Eludían con una gracia inverosímil la masa de un tranvía que cruzaba esta ciudad sobre lineas sinuosas y numeradas.

Nos alojábamos en una manzana habilitada como hotel. Aquí fue donde, como decía mi padre, "los pollos la pasan mal". Para empezar, nos preguntaron en un inglés con acento raro algo sobre "bed single or double"-¡double, of course!- contesté yo con mucho aplomo. Nos entregaron un exótico cartón agujereado y nos indicaron -¡up!. Yo pensé que el recepcionista tenía hipo, pero enseguida me percaté de que nos indicaba una dirección. Hacia arriba. "Up" era por una empinadísima escalera de caracol enmoquetada que nos colocó -y no era lo único que colocaba en esta ciudad- enfrente de la puerta de la habitación que nos habían asignado. No encontré cerradura, solo una ranura en la que insertamos nuestro cartón. La puerta se abrió y azarado, me di cuenta de que solo había una cama. Una cama de matrimonio...claro. "Double". Nos habían tomado por unos simpáticos chicos alegres... A partir de aquí el sueño es un poco confuso. Recuerdo momentos en los que agarrándome la cabeza después de aspirar unos aromáticos humos, le espetaba a mi amigo: -¡no lo entiendes! ¡ESTOY ALUCINANDO!. Qué angustia... Me desperté alterado y para calmarme, me fui a regar el parterre del vecino con agua salada en una proporción del ochenta por ciento. Me quedé como la seda.

domingo, 6 de septiembre de 2009

DOMINGO (6 de septiembre)

Hoy me he despertado con la creencia de que la vida carece de toda lógica. Unas cosas suceden y otras no. Ayer en contra de lo que viene siendo un clásico en mí, no atropellé ningún conejo. A las horas a las que vine debían de estar todos durmiendo, que es lo que tendría que haber estado haciendo yo si hubiera mantenido como mínimo el 2% de la sensatez que posee un conejo. Digo todo esto porque, a pesar del instinto innato de supervivencia que toda especie alberga, ayer me puse delante del tren (metafóricamente hablando) sin ningún respeto por mi propia existencia, y el tren me esquivó.

No tiene lógica. Esta vez tendría que haberme convertido yo en la cena de algún otro...

sábado, 5 de septiembre de 2009

SÁBADO (5 de septiembre)

He viajado en el tiempo.

Empecé mi viaje a las ocho de la mañana, y durante 12 horas seguidas he avanzado en el tiempo de forma voluntaria. He podido ser testigo de como todo sucedía a mi alrededor sin que mi tránsito alterara lo más mínimo la causalidad de los acontecimientos. Aunque al principio todo iba bien, no preví las consecuencias derivadas de ser un viajero temporal. Una vez has empezado, no puedes parar. La inercia te arrastra, siempre hacia adelante. Consume tus fuerzas, aunque en un principio no lo notas, te roba la vitalidad y la voluntad...no debí haber dado el primer paso.

jueves, 3 de septiembre de 2009

JUEVES (3 de septiembre)

Hoy por la tarde he mantenido una conversación con el vecino. Una conversación en la que amablemente intercambiábamos descripciones de como nos percibíamos el uno al otro desde nuestro lado de la valla. Él me llamaba "enigma de otro mundo", "cosa extraña", "el octavo pasajero de la película Alien" (esto me lo llamó en un momento en el que le confesé que me había comido a su gato, eso sí, convenientemente aliñado, y que hiciera el favor de comunicárselo a su mujer para que no perdiera tiempo en una búsqueda infructuosa). Montó en cólera -lo de antes estaba siendo un pequeño intercambio de opiniones- y a su vez me confesó que había sido el culpable de que durante 6 meses seguidos me hubieran estado visitando toda clase de proselitistas intentando ganarme para su fe, y que se había estado meando en el macetón del limonero que tengo instalado al lado de la entrada. Lo de los "Adventistas del 7º día" y demás religiones o sectas me molestó algo, pero lo del limonero me llegó al alma. Un limonero es sagrado para mí. En ese momento perdí los estribos y le lancé insultos de gran calibre, rotundos y resonantes. Le llamé "Cabronazo", "Hijo de Perra", "Hiena Rabiosa" y otra vez "Cabronazo", momento en el que la aliteración de la consonante "R" con su reverberante resonancia, creó ondas redundantes en el interior de mi craneo. Se me onduló la visión, el oído se bloqueó, perdí el sentido del equilibrio y el cerebro cambió de estado físico. De sólido a líquido y luego otra vez a sólido en una alternancia que poseía cierto ritmillo... Caí redondo al suelo muerto por el poder de la palabra. Esto les hubiera encantado a alguno de los que vinieron a intentar convencerme de la existencia de su dios. Mi vecino debió de pensar que me había cansado de nuestra charla y yo creo que hoy no cenaré.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

MIÈRCOLES (2 de septiembre) -más tarde-

Me he ido a la cama después de cenarme al amigo conejo (orejas alargadas, longitud de la cola adecuada, incisivos desarrollados...sin duda un conejo). Tengo un libro de cabecera titulado "Espuma de cerveza en el bigote". Es una novela que cuenta como un artista de la crítica literaria escribe un libro bajo seudónimo y le toca criticarlo. Hay algún chiste sobre franceses y su manía de comer "bagettes". Pero sobre todo narra la incapacidad de autocrítica que el protagonista padece.

Un día uno de los autores que ha sufrido su atención, le regala toda una colección de cervezas europeas como venganza (nuestro protagonista las odia), pero desesperado como está ante el dilema de su crítica, olvida pagar el recibo del agua y se la cortan justo el día más caluroso del año. No le queda otra que probar la tan odiada cerveza...y esta noche continúo donde lo dejé.

MIÉRCOLES (2 de septiembre)

Hoy le he deseado la muerte a algo. Un ser sin entrañas imagino...

Juego todos los días a la "Ruleta Rusa" en su variante automovilística. Me monto en mi coche, me pongo el cinturón y hago mi apuesta. Siempre es la misma. Mi vida. Estoy teniendo una suerte endiablada, que sin embargo, no tengo en otras facetas de mi existencia. Debe ser que se agota toda en la carretera. Dado que es un juego en el que intervengo de forma "voluntaria" ("los cojones" que diría mi hermano), no debería quejarme...pero sí; Hoy le he deseado la muerte a algo.

En este juego intervienen factores que tú puedes manipular a tu favor, y otros que no. Estos otros son "los demás", es decir, el resto de jugadores (si no ¿qué gracia tiene?). Pero a veces, se cuelan monstruos...esos que desean perder en este juego. Por dos veces han intentado sacarme de la vía. El mismo ente sin escrúpulos. Por dos veces... y por mi bien y por el de todos he deseado que muriese. Una muerte convencional...no, dolorosa. Muy dolorosa...por el mal rato que me ha hecho pasar. Y pensad que no es un ser humano...y que mañana desearé otra cosa.

lunes, 31 de agosto de 2009

LUNES (31 de agosto)

Anoche me llevé la cena a casa. Suelo cenar conejo atropellado, y esto lo hago porque al conejo lo atropello yo. No de forma intencionada, sino que vivo en una zona con muchos suicidas de esta especie. El caso es que mientras comía las sobras de la cena de conejo, he empezado a oír una serie de chasquidos. Pequeños "clicks" como los que estoy escuchando en este momento. Estoy desconcertado. Hoy por fin me han llegado a casa las nuevas tarjetas de crédito con "chip" y fotografía incluida. Salgo borroso en ellas y acabo de caer en la cuenta de que este conejo tenía la cola muy larga y mi vecina ha estado saliendo muchas veces a la calle, preocupada...

domingo, 30 de agosto de 2009

DOMINGO (30 de agosto)

Esta mañana como todas las mañanas, me he despertado pronto. He decidido de forma espontánea salir desnudo a la calle para celebrar el amanecer de un nuevo día. Alzando la cabeza con júbilo y un grito de alegría preparado sobre mi lengua, en el momento de darle alas, una paloma me ha colocado certeramente su deposición más asquerosa justo en todo el gaznate. De la impresión me he tragado la lengua y entre la falta de oxígeno y el asco producido, he fenecido, muerto, la he diñado en pelota picada, que es como me han encontrado mis vecinos cuando han salido de sus casas para sus propios quehaceres. ¿Se puede tener una muerte más ignominiosa que esta? Sí, la que me ocurrió la semana pasada cuando un vacío repentino se produjo en el interior del sanitario, que es donde me gusta leer el periódico, subcionando de repente mis órganos internos y provocándome la muerte de una forma categórica.

Mañana será otro día y otro yo ocupará mi lugar. Allí de donde venimos, somos muchos...