sábado, 3 de octubre de 2009

SABADO (3 de octubre)

...Me habían secuestrado LOS CONEJOS, así con mayúsculas. No fue un secuestro propiamente dicho, más bien...un rescate y una curación. El líquido con el que calmaron mi sed no era agua. Era una especie de antídoto. Ellos ya conocían los hongos que utilicé en la fórmula de la cerveza...Me adelanto, así que voy a contarlo como sucedió. Me depositaron en el centro de la cantera. Parecía un lugar de reunión habitual para ellos. Viéndolos allí, tan blanquitos algunos, otros de un elegante gris marengo, negros, con manchas...me entró hambre. Yo veo conejos y me entra hambre. Es inevitable. Ellos percibieron algo pues comenzó un ronroneo donde antes solo estaba un silencio raro. Al cabo, uno de ellos se acercó y dejó a mis pies lo que parecían champiñones portobello. Me acordé de "Alicia en el País de las Maravillas" incluso me pareció escuchar -come-. Miraba a los conejos, miraba los hongos... a los conejos... los hongos... el rum-rum... Mi mano se fue sola a la ofrenda y agarrando un puñado me lo metí en la boca. Mastiqué y tragué. Y no caí muerto (que mientras tragaba eso, lo esperaba) El rum-rum se apagó -mira como en una película -pensé- y en su lugar una sinfonía de sensaciones me inundó. Sensaciones que no se correspondían con los canales adecuados por los que las percibía. Me había vuelto sinestésico. Y entendí muchas cosas...

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