Esta historia de los conejos deberé terminarla en otra ocasión. Ahora he vuelto a llevar una vida más convencional. Me levanto, voy a trabajar, vuelvo a casa... Nada que no haga la gran mayoría de la gente con la que me relaciono.
Estoy podando unos árboles frutales que viven en mi jardín. "Pincho" anda trasteando por aquí. Le miro y él me devuelve su mirada confiada. No parece inquietarle que yo lleve un hacha en la mano y tampoco el hecho de que haya acabado con mi dieta de conejos por un tiempo -por razones obvias-. ¡Ay! "Pincho", te gusta vivir peligrosamente...
Mi vecino el profesor de matemáticas y a la postre tutor legal de "Pincho", se ha pasado a devolverme un par de libros que le presté: "Espuma de cerveza en el bigote" y "Ars masturbatoria". Este último no es mio, pero como el título me ha llamado la atención, no le he dicho nada y lo he aceptado. Ha entrado por el patio y nos ha visto a "Pincho" y a mí cada uno a lo suyo. Se ha fijado en la disposición de los árboles y ha sacado una libreta donde se ha puesto a hacer anotaciones murmurando no sé qué de vectores y constantes no lógicas. He estado a punto de ofrecerle una cerveza, pero me lo he pensado mejor. Me ha preguntado si "Pincho" me molestaba y me ha pedido que le devuelva la visita.
Después de acabar en el jardín, voy a relajarme con un poco de lectura.
lunes, 26 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario