Varias cosas me han ocurrido...
El olor que no podía identificar cuando desperté en el suelo del garaje y cubierto de polvo, era el olor de mi vecina. Resulta que "Pincho" no me estaba rehuyendo a mí. Lo que le repelía era precisamente el rastro oloroso que había impregnado mi casa. Los cerdos tienen un sentido del olfato muy desarrollado, de hecho, son utilizados para encontrar trufas, pero a "Pincho" su olfato le había disparado una alarma.
Ya dije que notaba a mi vecina distinta. Un cambio tan brusco de personalidad en alguien no ocurre porque sí. Mi vecina de repente se había convertido en una perfecta seductora. Sin entrar en demasiados detalles, el día que se plantó en mi casa, buscaba algo más que mi compañía. Quería más cerveza casera. Ella fue quién me encontró cuando decanté la primera pinta de mi cerveza experimental. Se había armado de valor y vino a interrogarme sobre el asunto de su gato. Vio luz en el garaje y como la puerta no estaba cerrada, entró y me halló tirado en el suelo en estado comatoso y sudando copiosamente. Hacía bastante calor a decir verdad, por lo que se le puede perdonar que estando tan a mano un pichel lleno de lo que parecía (y es) apetecible cerveza, se trasegase una buena medida de lo que a la postre desencadenó ese cambio en ella...
martes, 29 de septiembre de 2009
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