domingo, 13 de septiembre de 2009

DOMINGO (13 de septiembre)

Maldeciré los impactos. Disfrutaré como un niño... Es en esto en lo que he estado pensando a lo largo de la semana. He vuelto a patinar con un grupo de gente de lo más variopinto.

Cuando te deslizas sobre minúsculas ruedas en una superficie de cemento pulido, experimentas una serie de fenómenos físicos. Muy a menudo es la acción y la reacción de dos cuerpos atrayéndose el uno al otro; y sobre este efecto quería detenerme un poco más. Veréis: patinar requiere de un mínimo de concentración al principio, luego tus reflejos se encargan del resto. Puedes interactuar socialmente mientras sientes como el suelo se mueve por debajo de ti. Giras, te cruzas con otro patinador y este (o tú) se queda enganchado en la estela. Os encontráis de repente mirándoos a los ojos y cambiando de dirección y de sentido sin apenas percibirlo. Como el ejercicio produce endorfinas, te sientes relajado, un poco eufórico y predispuesto a la comunicación. El esfuerzo genera calor, sudas y emites mensajes químicos.

En este grupo jugamos a esquivarnos y a intentar cazarnos divididos en 2 bandos. Esta es la parte de disfrutar como un niño. Pues bien, en uno de los quites sufrí un encontronazo que acabó conmigo en el suelo. Esta sería la parte de maldecir los impactos... si no fuera porque el impacto se produjo entre una mujer con cierto atractivo y yo. En un acto reflejo quise apartarla de mi trayectoria, o al menos intentar disipar o desviar la energía del choque. Mis manos se lanzaron hacia adelante y me encontré, por un instante, estrujándole un pecho. Acto seguido, las deslicé en sentido descendente hasta apoyarlas en su cintura, y en ese momento la aparté de mí, y yo me precipité de rodillas sobre el duro suelo. Tenía una sonrisilla tonta en mi rostro. Ella, al preguntarle si le había hecho daño contestó: -no, me has sujetado muy bien. Si no es por eso, me hubiera estampado contra el suelo y me hubiera dado un morrón de impresión... pero que sepas que me has agarrado de una teta. No sé si te has percatado. -Claro que lo he hecho -respondí- y eso es lo que me llevo yo. Pero no lo hubiera mencionado si tu no lo haces. -Seguimos patinando con la teta de por medio. Una teta que nos convertía en cómplices sin haberlo esperado ninguno de los dos.

No, no maldije este impacto y al parecer, he hecho una amiga.

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