Hoy me he despertado con la creencia de que la vida carece de toda lógica. Unas cosas suceden y otras no. Ayer en contra de lo que viene siendo un clásico en mí, no atropellé ningún conejo. A las horas a las que vine debían de estar todos durmiendo, que es lo que tendría que haber estado haciendo yo si hubiera mantenido como mínimo el 2% de la sensatez que posee un conejo. Digo todo esto porque, a pesar del instinto innato de supervivencia que toda especie alberga, ayer me puse delante del tren (metafóricamente hablando) sin ningún respeto por mi propia existencia, y el tren me esquivó.
No tiene lógica. Esta vez tendría que haberme convertido yo en la cena de algún otro...
domingo, 6 de septiembre de 2009
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